martes, 13 de noviembre de 2012

Dios me habló sin palabras. J.Pagano

Dicen que será inminente. Anuncian que viviremos momentos de tremendo caos. Los ánimos se agitan. Los rostros se tensan. Se respira confusión. ¿Será cierto, sucederá lo que proclaman? ¿Son puras las intenciones de quienes dicen recibir mensajes tan alarmantes? ¿Qué hacer? ¿En quién creer? ¿En quién confiar? ¿A dónde ir? Dios me habló sin palabras, hizo que sintiera mi propio corazón.
¿Por qué tanta preocupación por lo que estaría por suceder, acaso tenemos garantizado que viviremos dentro de cinco segundos? ¿Por qué pasamos tanto tiempo escuchando a los demás, sin prestar atención un solo instante a lo que fluye desde nuestro interior? Va a pasar solamente lo que tenga que pasar. Nada más ni nada menos. No importa si olas gigantescas nos dejarán sin vida o si habrá terremotos, furiosos huracanes o cientos de volcanes activándose al mismo tiempo. Sucederá aquello que tenga que suceder. Todo es perfecto.
Por más que algunos mensajes son contradictorios, no pongo en duda lo que los canalizadores dicen. Ellos reflejan fielmente lo que reciben. Puede que lo que nos transmiten suceda, no suceda o tal vez ocurra de un modo diferente al que nos revelan. Nunca se sabe. Tampoco importa. Lo que sí importa es que escuchemos nuestro propio corazón, para conectar con aquello que nos hace vibrar de la manera más intensa. Sólo podemos celebrar.
Si nuestra hora ha llegado, celebremos. Si nuestra hora no llega, celebremos. Todo lo que podemos hacer es celebrar. No desperdiciemos más tiempo discutiendo sobre quién tiene razón. Celebremos. Disfrutemos. Aprovechemos cada instante. Si estamos haciendo lo que resuena en nuestro interior, nada de lo que suceda fuera importará, porque nuestra aceptación sobre aquello que acontezca será total. Habremos comprendido que estamos viviendo lo que nuestro ser necesita para seguir evolucionando.
Si el miedo te acorrala, si la desesperación se apodera de tu vida, si la confusión te aturde, ¿hacia dónde irás? ¿Acaso seguirás corriendo en busca de consuelo? La sed que tiene tu alma nadie podrá apagarla tomando agua por vos. Si sos honesto con vos mismo y escuchás la voz interior que insistentemente te reclama, te moverás hacia el único lugar donde podrás encontrar calma. Comenzarás tu viaje de regreso a casa. Irás hacia tu interior, al centro mismo de tu propio corazón. ¿Acaso todo este escenario no está montado para eso? Dios me habló sin palabras, hizo que sintiera mi propio corazón.
Autor: Julio Pagano

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