viernes, 26 de agosto de 2011

La Luz en uno mismo. Consciencia

El término consciencia se refiere a la capacidad de darse cuenta. También, se refiere al resultado de percibir el mundo y de percibirse con total transparencia y sin la distorsión de las creencias, opiniones, prejuicios, emociones, sentimientos, deseos, proyecciones, expectativas o del propio ego. Esa transparencia se inicia con la desidentificación y el desapego y es el fundamento de la vida espiritual.
Por la consciencia se va conociendo las causas últimas del universo visible, ella nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos permite encontrarle en todas las cosas y, también, en medio de las tribulaciones. Con el don de la consciencia germina la inteligencia, el conocimiento y la vida espiritual, de ella nacen los valores más fundamentados que el ser humano emite sobre la vida y la conducta. La consciencia es la raíz de un conocimiento nuevo, del que también forma parte el amor, gracias al cual el ser humano entra en una nueva dimensión de la vida donde la unidad es una característica.
La fuente de la conciencia
La fuente desde donde brota la consciencia está en un lugar que se encuentra en el interior de todos los seres humanos. Quien bebe de esta fuente de aguas limpias tiene la fortuna de vivir la paz, la quietud y el silencio perfectos. Aunque se vive de manera personal, beber de esta fuente significa entrar en una dimensión que se encuentra más allá de la dualidad, de lo que se puede llamar “yo” o “tú”, “mío” o “tuyo”, “esto” o “aquello”. Todo lo que se pueda decir sobre este lugar son burdas aproximaciones, porque sólo se comprende mediante la propia experiencia.
Entrar en la fuente de la consciencia significa para el ser humano ser consciente y obrar adecuadamente, y uno se acerca a éste “lugar” cuando va más allá de la mente y del pensamiento. Solo los propios egos e impurezas impiden al ser humano acceder a este lugar de pureza. El estado natural del ser humano suele estar eclipsado por la turbulencia de la mente y de las emociones, y cuando se trasciende esa perturbación se accede a la fuente, y se experimenta el núcleo del ser. En este lugar se está en contacto con la consciencia, con el amor y con el conocimiento, que son las propiedades inherentes del estado que se vivencia cuando se va más allá de la mente de las personas. Allí hay un principio, una inteligencia que puede tutelar y dirigir, si así lo decide el ser humano, la actividad del propio espíritu, mente, emociones y cuerpo. (...)
Es necesario conectar con ese ángulo de quietud que nos hace conscientes y nos impulsa a obrar adecuadamente. Entrar en este “lugar” significa transformarnos, situarnos en nuestro eje de equilibrio, ser conscientes y relacionarnos adecuadamente con nosotros mismos y con los demás. Es un punto de quietud, porque es el punto de confluencia entre lo “humano” y lo “divino”, el ojo de buey hacia lo otro, hacia aquello en donde cesa el ego, la avidez, la aversión y el autoengaño.
Fuente: La Luz en uno mismo. José Manuel Molina Ruiz y David Subirons Vallellano

1 comentario:

  1. HERMOSO , BELLISIMA MUSICA TAMBIEN , MUCHAS GRACIAS ....BENDICIONES , OM SHANTI !!!

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