Cuando los niños aprenden...

...que la felicidad no se encuentra en lo que una persona tiene, sino en lo que esa persona es.
...que dar y perdonar es más gratificante que quitar y vengarse.
...que el sufrimiento no se mitiga con auto-compasión, sino que se supera con determinación interior y fuerza espiritual.
...que no pueden controlar al mundo a su alrededor, pero que son los maestros de sus propias almas.
...que las relaciones mejoran si valoran más la amistad que el ego, el compromiso que el orgullo, escuchar que aconsejar.
...a no odiar a una persona cuya diferencia temen, sino a temer ese tipo de odio.
...que hay placer en la fuerza de motivar a otros, no en la falsa fuerza de humillar.
...que el elogio de otros es halagador pero sin sentido si no se conjuga con el respeto a sí mismo.
...que el valor de una vida se mide mejor no por los años dedicados a acumular posesiones sino por los momentos dedicados a dar de sí mismo, compartiendo sabiduría, inspirando esperanza, secando lágrimas y conmoviendo corazones.
...que la belleza de una persona no se ve con los ojos sino con el corazón; y que aunque el tiempo y las penurias pueden destruir nuestra coraza exterior, nos pueden mejorar el carácter y la perspectiva.
...a abstenerse de juzgar, sabiendo que todas las personas están dotadas de cualidades y defectos, y que la aparición de unas u otros depende de la ayuda ofrecida o el daño infligido por otros.
...que a todas las personas se les ha dado el don de tener un yo único, y que el propósito de la vida es compartir lo mejor de ese don con el mundo.
Cuando los niños aprenden estos ideales y cómo practicarlos en el arte del buen vivir, ya no son niños... son una bendición para quienes los conozcan, y valiosos modelos para todo el mundo.
Tomado de la Red (no encontré el autor)

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