Caminante, no hay camino.

Estaba en una ciudad extraña. Había llegado recientemente y tenía que tomar el tren temprano en la mañana. Pero cuando me levanté y miré el reloj, ya estaba retrasado y comencé a correr. Cuando llegué a la torre y miré el reloj, me alarmé aun más al pensar que iba a perder el tren. Mi reloj estaba atrasado. Comencé a correr... sin conocer la vía, sin conocer el camino... y las calles lucían limpias y desiertas. Era temprano en la mañana, una mañana fría e invernal, y yo no veía a nadie.
De repente vi a un policía. Me llené de esperanza. Me acerqué al policía y le pedí que me señalara el camino. El policía me respondió: 'El camino? Por qué me lo pregunta a mí?' Yo le contesté: 'Porque soy extranjero en este lugar y no conozco el camino. Por favor indíqueme el camino y no pierda tiempo. Ya estoy retrasado y voy a perder el tren, y es importante para mí tomar el tren'.
El policía se rió y dijo: 'Quién puede mostrarle el camino a otra persona?'
Al decir esto, el policía agitó la mano en señal despedida y se fue sonriendo.
Cómo podrían mostrarte el camino, si el camino en realidad no existe. Siempre estás en la meta. Donde quiera que estés, ésa es la meta. El camino no existe. Si sigues preguntando por el camino, estás intentando crear futuro, una y otra vez, y el futuro es la pesadilla.

FUENTE: OSHO:  ‘El Hombre que Amaba las Gaviotas y Otros Relatos’ En el libro se dice que es un escrito de Franz Kafka

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