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domingo, 30 de junio de 2013

Música del alma. Osho

Esta existencia es una orquesta y debemos estar sintonizados con ella. Por eso es por lo que la música ejerce tanta atracción sobre la mente humana, sobre el corazón humano... porque a veces al escuchar música hermosa comenzáis a entrar en esa armonía universal.
En particular con la música clásica, oriental u occidental. Al escuchar a Beethoven o a Mozart uno empieza a entrar en un mundo diferente; surge una Gestalt totalmente distinta. Ya no estáis en vuestros pensamientos... vuestra frecuencia de onda cambia. Esa gran música empieza a rodearos, empieza a tocar vuestro corazón, a crear un ritmo que habéis perdido.
Esa es la definición de música grande, que es capaz de aportaros una percepción de cómo podéis existir, totalmente, con el todo... incluso durante unos pocos momentos. Y desciende una gran paz y en el corazón anida un gran gozo.
Quizá no entendáis qué ha sucedido, pero el gran maestro, el gran músico, sencillamente toca sobre una base muy, fundamental. Y esta es que la existencia posee un determinado ritmo. Si podéis crear música de acuerdo con ese ritmo, aquellos que participan en la escucha de esa música también empezarán a sintonizar con ese ritmo.
Y podéis hacerlo de muchas maneras. Por ejemplo, si estáis sentados junto a una cascada, escuchad el sonido del agua y sed uno con ella. Cerrad los ojos y sentid que os habéis convertido en uno con la cascada... en lo más hondo de vosotros empezad a caer con el agua. Y habrá momentos, unos pocos momentos, en que de pronto descubriréis que ha habido una participación, que pudisteis conseguir el canto de la cascada y sintonizar con ella. En esos momentos surgirá un gran éxtasis. A veces escuchando a los pájaros, haced lo mismo.

martes, 30 de abril de 2013

La Verdad. Osho

La verdad se consigue únicamente mediante la conciencia. 
No se trata de un proceso mental, es un fenómeno totalmente diferente. 
No debéis pensar la verdad, tenéis que parar todo pensamiento para conocer la verdad: debéis olvidar todo sobre la verdad, para conocer la verdad. 

Debéis desprenderos de la carga de todas las teorías, hipótesis, filosofías e ideologías que habéis aprendido. El proceso de alcanzar la ver­dad es un proceso de desaprendizaje, de desacondicionamiento. Poco a poco, uno ha de salir de la mente, escabullirse fuera de la mente, para convertirse en un estanque de conciencia, de pura conciencia. Simplemente una absoluta vigilancia: sin hacer nada, vigilando todo lo que sucede en los mundos exterior e interior. 
Cuando uno puede observar sin que el juicio interfiera, sin que irrumpan viejas ideas, entonces se revela la verdad. Y el milagro es que no procede de otra parte, no desciende desde las alturas; se encuentra en vuestro interior... es vuestra naturaleza intrínseca. Realmente es una gran revelación conocer la verdad, porque vosotros sois ella y nunca la habéis perdido, ni siquiera durante un solo momento. Siempre habéis sido ella. Es imposible perderla, porque es vuestra naturaleza y esta no se puede perder. Por eso la llamamos naturaleza. Lo que no se puede perder es la propia definición de naturaleza. Aquello que se puede perder no es naturaleza sino nutrición. La verdad es vuestra naturaleza, vuestro propio ser, vuestra existencia, vuestro centro.
Fuente: Día a Día. 365 Meditaciones para el Aquí y Ahora. Osho

viernes, 8 de marzo de 2013

Tormentas. Osho

El crecimiento significa que estáis absorbiendo algo nuevo cada día, y esa absorción solo es posible si estáis abiertos. Ahora vuestras ventanas se encuentran abiertas y también las puertas: a veces entra la lluvia y el viento, el sol, y la vida se mueve dentro de vosotros. Sentiréis algunas perturbaciones: vuestro periódico empezará a moverse al viento, los papeles en la mesa se agitarán, y si la lluvia empieza entrar, se os puede mojar la ropa. Si siempre habéis vivido en una habitación cerrada, os pre­guntaréis qué está pasando. 
Está pasando algo hermoso. Es bueno estar disponible para el viento para la lluvia, para el sol, porque eso es la vida. De modo que en lugar de preocupados por ello, ¡bailad! Bailad cuando llegue la tormenta, porque la seguirá el silencio. Bailad cuando lleguen desafíos y perturben vuestra vida, porque al responder a esos desafíos estaréis creciendo a alturas nuevas. Recordad, incluso el sufrimiento es una gracia. Si se toma de forma correcta, se convierte en un escalón. La gente que nunca ha sufrido y ha llevado una vida conveniente y cómoda, es gente casi muerta. Su vida no será como una espada afilada... estará roma. Ni siquiera será capaz de cortar verdura. La inteligencia se afila cuando se enfrenta a desafíos. Rezadle cada día a Dios: «Envíame más desafíos mañana, envíame más tormentas...». Y entonces conoceréis la vida en su punto óptimo.

martes, 21 de agosto de 2012

La Soledad. Osho

No hay otra manera de estar que solo. Uno puede olvidarlo, uno puede olvidarse de sí mismo en muchísimas cosas, pero una y otra vez la verdad se reafirma. Por eso después de cada experiencia profunda te sentirás solo.
Esto parecerá muy paradójico, porque ordinariamente la gente cree que el amor les hará sentirse en compañía. Eso es una completa insensatez. Si el amor es profundo te hará consciente de la soledad, no de la compañía. Cuando algo cala hondo, ¿qué ocurre?: dejas la periferia de tu ser y entras en tu centro, y el centro es todo soledad. Allí estás sólo tú; o ni siquiera tú, tan sólo una consciencia sin ego, sin identidad, sin definición, un abismo de consciencia.
Después de escuchar bella música, o después de penetrar en el significado de una gran poesía, o ver la belleza de un atardecer, en el despertar siempre te sentirás triste. Viendo esto, millones de personas han decidido no ver la belleza, no amar, no meditar, no rezar, evitar todo lo que sea profundo. Pero aunque evites la verdad, la verdad te golpea algunas veces. Sin que te des cuenta, te posee.
La soledad es tremendamente bella porque es profundamente libre. Es absoluta libertad; ¿cómo puede crear tristeza?
Sentirse solo es la soledad mal interpretada. Significa que echas de menos al otro. ¿Y quién es el otro?: alguna excusa que te ayuda a olvidar tu consciencia, algún toxico: puede ser una mujer, un hombre, un libro, cualquier cosa; cualquier cosa que te ayude a olvidarte de ti mismo, que se lleva el recordarte a ti mismo, eso te quita el peso de la consciencia.
La soledad es inmensamente bella. La soledad es un momento en el que ya no se necesita al otro, tú eres suficiente para ti mismo; tan suficiente que puedes compartir tu soledad con toda la existencia. Tu soledad es tan inagotable que aunque inundes toda la existencia, aún te quedará más. Cuando estás solo, eres rico, cuando te sientes solo eres pobre.
El que se siente solo es un mendigo; su corazón es una escudilla. El que está solo es un emperador.
Y lo que a ti te ha ocurrido ha sido sentirte solo, pero tu interpretación es errónea, viene de tus experiencias pasadas, de tu mente pasada. Abandona la mente. Entra en tu soledad; obsérvala, saboréala. Hay que mirar todos sus aspectos. Entra desde todas las puertas posibles; es el mayor templo que existe. Y es en esta soledad donde te encontrarás a ti mismo; y encontrarse a uno mismo es encontrar a Dios.

sábado, 28 de julio de 2012

Oír y Escuchar. Osho

El arte de la escucha divina... eso es la meditación. Si uno puede aprender a escuchar correctamente, habrá aprendido el secreto más profundo de la meditación. La gente oye pero no escucha.
Oír es una cosa... escuchar, algo por completo diferente; son dos mundos aparte. Oír es un fenómeno físico; oís porque tenéis orejas. Escuchar es un fenómeno espiritual. Lo hacéis cuando ponéis atención, cuando vuestro ser interior se une a vuestras orejas.
Escuchad los sonidos de las aves, el viento al pasar entre los árboles, el río desbordado, el océano al rugir y las nubes, las personas, el lejano tren al pasar, los coches en la carretera... cada sonido ha de ser usado. Y escuchad sin ninguna imposición sobre lo que escucháis... no juzguéis; en cuanto juzgáis, la escucha se detiene.
La persona realmente atenta se mantiene sin conclusiones; jamás saca una conclusión sobre nada. Como la vida es un proceso... nunca algo ter­mina. Solo la persona necia puede sacar conclusiones; la persona sabia titubeará antes de hacerlo. De modo que escuchad sin conclusiones. Simplemente escuchad: alertas, silenciosos, abiertos, receptivos. Estad ahí, totalmente con el sonido que os rodea.
Y os sorprenderéis: un día de repente el sonido está ahí, vosotros estáis escuchando, y sin embargo hay silencio. Es un silencio verdadero que acontece a través del sonido.

domingo, 27 de mayo de 2012

El propio templo. Osho


Un templo público es un templo público; uno necesita un templo propio, es un fenómeno privado.
En Oriente solíamos tener una habitación separada para la medita­ción. Cada familia que podía permitírselo, tenía un pequeño templo pro­pio. Y la gente iba allí solo a rezar o a meditar, no a otra cosa.
De modo que en ese lugar -con el incienso, el color, el sonido, la atmósfera- todo termina por asociarse con la idea de la meditación. Si habéis estado meditando en la misma habitación, todos los días a la misma hora, en cuanto entráis en el cuarto v os quitáis los zapatos ya estáis en meditación.
En cuanto entráis en la habitación y miráis las paredes -las mismas paredes, el mismo color, el mismo incienso ardiendo, la misma fragan­cia, el mismo silencio, la misma hora-, vuestro cuerpo, vuestra vitali­dad, vuestra mente empiezan a caer en una unidad. Todos saben que es la hora, el momento de meditar. Y ayudan, no luchan contra vosotros. Basta con sentaros allí para entrar en meditación con más facilidad, silencio y sin esfuerzo.
De modo que si podéis tenerlo, preparad un lugar pequeño -bastará con un rincón-, y allí no hagáis nada más. De lo contrario, el espacio se confunde. ¿Humor?... Es difícil de explicar, pero el espacio también se confunde. Preparad un rincón pequeño, meditad allí, y cada día intentad hacer­lo de forma regular a la misma hora. Si algún día os lo saltáis, no os sin­táis culpables... está bien. Pero incluso si de cien días podéis hacerlo con regularidad durante sesenta días, eso bastará.

lunes, 9 de abril de 2012

Amor Incondicional


El amor jamás se molesta mucho en pensar si el otro es o no merece­dor de recibir. Esas son cosas mezquinas, actitudes mezquinas. El amor jamás es mísero.
La nube jamás se molesta en meditar si la tierra es merecedora de recibir su don. Llueve sobre las montañas, llueve sobre las rocas, llueve por doquier. Da sin poner ninguna condición, sin ataduras.
Y así es el amor: simplemente da, disfruta dando. Quienquiera que esté dispuesto a recibir, recibe. No necesita merecerlo, no necesita estar en una categoría especial, no necesita cumplir ningún requisito. Si todas estas cosas fueran necesarias, entonces lo que dais no es amor. Debe de ser otra cosa y aún desconocéis qué es el amor. En cuanto sabéis qué es el amor, estáis listos para dar; porque sabéis que cuanto más dais, más tenéis. Cuanto más le ofrezcáis a los demás, más irá surgiendo en vues­tro ser. La economía corriente es totalmente diferente: si dais algo, lo per­déis. Si queréis tenerlo, evitad darlo. Recogedlo, sed mezquinos. Es el caso opuesto que con el amor: si queréis tenerlo, no seáis tacaños; de lo contrario, estará muerto, se estancará; apestará, morirá. Seguid dando, y se os manifestarán fuentes nuevas, corrientes frescas fluirán a vuestro ser. Cuando vuestro acto de dar es incondicional, total, la totalidad de la exis­tencia empieza a entrar en vosotros.
Fuente: Día a Día. Osho

miércoles, 29 de febrero de 2012

Como un niño. Osho

Estamos separados solo en la superficie, en lo más hondo no estamos separados. Únicamente lo está la parte visible; la invisible sigue siendo una.
Los Upanishad dicen: «Aquellos que creen saber, no saben», porque la misma idea de que sabéis no os permite saber. La misma idea de que uno es ignorante os vuelve vulnerables, abiertos. Como un niño, vues­tros ojos están llenos de asombro. Entonces resulta difícil decidir si los pensamientos son vuestros u os llegan del exterior, porque uno ha per­dido todas las amarras. Pero no hay necesidad de preocuparse, porque básicamente la mente es solo una, es la mente universal... llamadla Dios, o en términos jungianos, el «inconsciente colectivo».
Estamos separados sólo en la superficie, en lo más hondo no estamos separados. Únicamente lo está la parte visible; la invisible sigue siendo una. De modo que cuando os relajáis y guardáis silencio y sois más humildes, más infantiles, más inocentes, entonces al principio será difícil ver si esos pensamientos son vuestros, surgen de la nada o alguna otra persona está enviando sus mensajes y vosotros sois los receptores. Pero no vienen de ninguna parte. Proceden del núcleo más hondo de vuestro ser... que también es el núcleo de todos los demás. De forma que un pensamiento realmente original no lleva la firma de nadie. Está simplemente ahí, surge del colectivo, de lo universal, de la única mente... mente con M mayúscula. Y cuando la mente individual, la mente ego, se relaja, la mente universal empieza a anegarla.
Fuente: Día a día, 365 meditaciones para el aquí y el ahora. OSHO

martes, 31 de enero de 2012

Segunda infancia. Osho


La sabiduría es una respuesta, una respuesta fresca al momento; el conocimiento es algo viejo, deteriorado, recolectado. No respondes al momento; traes el pasado, el recuerdo, a ti, y reaccionas a través de él. La sabiduría es una respuesta, y el conocimiento, una reacción. Tú ya tienes la respuesta; pero una respuesta preparada antes de que surja la pregunta no es sabiduría. Un niño es sabio porque carece de conocimiento. Tiene que mirar a su alrededor, tiene que sentir, tiene que pensar, tiene que responder: no sabe.
Se dice (es un mito cristiano) que, cuando Jesús llegó al mar, éste se transformó en vino rojo. Los teólogos cristianos han intentado explicarlo: ¿cómo puede el mar transformarse en vino rojo? Han tenido muchas dificultades, se han confundido, y todavía no han encontrado respuesta alguna. Pero un niño pequeño halló la respuesta, y ese niñito fue lord Byron, quien más tarde se hizo famoso como un gran poeta. Era un niño pequeño que iba a la escuela cuando se planteó la pregunta: ¿Por qué y cómo se transformó el mar en vino rojo cuando Jesús llegó hasta él? La respuesta estaba lista, preparada; ya había sido enseñada. Todos los otros niños empezaron a escribir sus respuestas; sólo lord Byron esperó con los ojos cerrados. La maestra se le acercó muchas veces, pero él estaba tan meditativo que creyó mejor no molestarlo: estaba pensando mucho.
¿Y en qué puede pensar un niño? Porque siempre se piensa en lo conocido. Si sabes, puedes pensar. Si no sabes, ¿qué puedes pensar? ¿Qué estaba haciendo? Únicamente es posible pensar cuando sabes algo; entonces, puedes pensar. Pero, si no sabes, no sabes. El niño estaba sentado en silencio, pero se veía tan hermoso. Finalmente, escribió una sola oración, y era la siguiente: "Al ver que el Señor ha llegado, al mar le dio vergüenza y se puso colorado." Cuando Jesús llegó ("... el Señor ha llegado..."), el mar, al ver que el Señor había llegado, se puso tímido, como una niña. Había llegado el amado, y esa timidez se encontraba en la cara del mar. Sólo un chico puede responder de ese modo, porque no sabe la respuesta. Pero esto es hermoso; todos los teólogos son, al lado de este niño, simplemente tontos. Él dijo lo correcto; lo explicó todo.
Fuente: El Dios de todos. Osho

Tu verdadero centro. Osho

Mas allá del cerco existes, como existes dentro del cerco; y tu mente consciente es sólo una parte, una décima parte de todo tu ser; los nueve décimos restantes te esperan en la oscuridad. Y, en algún lugar de esos nueve décimos, se esconde tu verdadero centro.
Uno debe ser audaz, valiente. Uno tiene que dar un paso hacia lo desconocido. Durante un tiempo, todos los límites se pierden. Durante un tiempo, te sentirás confundido. Durante un tiempo, te sentirás muy asustado y conmovido, como si hubiera habido un terremoto. Pero, si tienes coraje y no te echas atrás, si no vuelves al yo y sigues hacia adelante, hay un centro oculto dentro de ti que has estado cargando durante varias vidas. Es tu alma, el atman, el propio ser. Una vez que te acercas, todo cambia, todo se vuelve a acomodar. Pero este acomodamiento ya no lo lleva a cabo la sociedad. Ahora, todo se transforma en un cosmos, no en un caos; surge un nuevo orden. Pero ya no es el orden de la sociedad; es el orden de la existencia misma.
Es lo que Buda llama dhamma, Lao Tse llama tao y Heráclito llama logos. No es algo creado por el hombre; es el orden propio de la existencia misma. Entonces, de repente, todo vuelve a ser hermoso; y, por primera vez, verdaderamente hermoso, porque las cosas creadas por el hombre no pueden ser hermosas. Cuando mucho, puedes ocultar su fealdad; nada más. Puedes decorarlas, pero nunca pueden ser hermosas.
La diferencia es igual a la que existe entre una flor de verdad y una de plástico o de papel. El yo es una flor de plástico, muerta. Parece una flor, pero no lo es. En verdad, no se puede decir que sea una flor. Aun desde el punto de vista lingüístico, es incorrecto llamarla flor, pues una flor es algo que florece. Y este objeto de plástico es sólo una cosa y no algo que florezca. Está muerta; no tiene vida.
Tú tienes dentro un centro floreciente. Por eso los hindúes lo llaman flor de loto: porque florece Hablan de la flor de loto de mil pétalos; "mil" significa infinitos pétalos. Y sigue floreciendo; nunca se detiene, nunca muere.
Fuente: El Dios de todos. Osho

martes, 3 de enero de 2012

Metafísica. Osho

Meta significa más allá. Lo físico no lo es todo, la materia no lo es todo, y aquellos que piensan que la materia lo es todo se muestran satisfechos con la circunferencia de la vida. No dejarán de moverse en círculo, pero jamás llegarán a casa, porque el hogar existe en el centro.
La metafísica significa llegar al hogar, saber que sois conciencia, que toda la existencia está llena de conciencia, que esta no es un efecto secundario de la materia. No lo es. La materia solo es el cuerpo de la conciencia -su ropa, su cobijo, su morada, su templo-, pero la deidad es la conciencia. Y el templo está creado para la deidad, no al revés. La materia existe porque la conciencia existe, no al contrario.
La materia es conciencia dormida; la conciencia es materia despierta. En última instancia solo hay una cosa... llamadlo x, y, z, o Dios o verdad, lo que deseéis. En última instancia solo hay una cosa, pero esa cosa puede tener dos estados: uno de sueño y uno de vigilia. Cuando la materia se vuelve consciente de sí misma, es conciencia. Cuando la conciencia se olvida de sí misma, es materia.
De modo que aquellos que creen que la materia lo es todo, permanecen dormidos. Y sus vidas no dejan de moverse a ciegas en la oscuridad. Jamás saben qué es la luz, jamás llegan al amanecer. Y, por supuesto, en la oscuridad tropiezan mucho y, se hieren a sí mismos v a otros, y toda su vida consiste únicamente en conflicto, fricción, violencia y guerra. Nunca llegan a saber qué es el amor, porque el amor solo es posible cuando se está lleno de luz.
La metafísica es una especie de dulce sabiduría. La lógica es amarga, pendenciera; los filósofos no paran de pelear. El hombre que ha llegado a conocerse a sí mismo es dulce... su sola presencia es como la miel.
Fuente: Día a día. Osho

Experimentación. Osho

Permaneced siempre abiertos y con ánimo de experimentar:.. siempre listos para adentraros en un sendero que nunca antes habéis caminado. ¿Quién sabe? Aunque resulte inútil, será una experiencia.
Edison trabajó durante casi tres años en un determinado experimento y fracasó setecientas veces. Todos sus colegas y estudiantes se sentían absolutamente frustrados. Él llegaba cada mañana feliz y a rebosar de júbilo, listo para empezar otra vez. Era demasiado: ¡setecientas veces y tres años desperdiciados! Todo el mundo estaba prácticamente seguro de que no se iba a conseguir nada. Todo parecía inútil... solo un capricho.
Se reunieron y le dijeron: «Hemos fallado setecientas veces. Ya es un fracaso absoluto. No hemos logrado nada. Tenemos que parar». Edison soltó una carcajada y dijo: «¿De qué estáis hablando? ¿Fracasado? Hemos tenido éxito en descubrir que setecientos métodos no serán de ninguna ayuda. ¡Cada día que pasa nos acercamos cada vez más a la verdad! Si no hubiéramos llamado a esas setecientas puertas, no habríamos podido saberlo. Pero ahora estamos seguros de que hay setecientas puertas falsas. ¡Es un gran logro!».
Esta es la actitud científica básica: si podéis decidir que algo es falso, os estáis acercando a la verdad. La verdad no se encuentra disponible en el mercado para que podáis ir directamente a encargarla. No se encuentra disponible a nuestro antojo. Tenéis que experimentar.
De modo que lo que sugiero es que siempre estéis dispuestos a experimentar. Nunca os sintáis complacidos. Jamás penséis que lo que estáis haciendo es perfecto. Nunca lo es. Siempre es posible mejorarlo; siempre es posible hacerlo más perfecto.
Fuente: Día a día. Osho

sábado, 8 de octubre de 2011

Elegid la Naturaleza. Osho


Siempre que veáis que la sociedad está en conflicto con la naturaleza, elegid la naturaleza... sin importar el precio. Jamás perderéis.
Hasta ahora se ha considerado que el individuo existe para la socie­dad, de modo que ha de acatar lo que la sociedad dicte. Debe encajar en ella. Esa es la definición del ser humano normal: uno que encaja en la sociedad. Aunque la sociedad esté loca, hay que encajar en ella; enton­ces sois normales.
El problema que ahora se le plantea al individuo es que la naturaleza exige una cosa y la sociedad lo contrario. Si la sociedad demandara lo mismo que la naturaleza, no habría conflicto. Habríamos permanecido en el Jardín del Edén.
El problema surge porque la sociedad tiene sus propios intereses, que no necesariamente están en sintonía con el individuo y sus intereses. La sociedad posee sus propios intereses; el individuo ha de ser sacrificado. Nos encontramos en un mundo que está patas arriba. Lo correcto sería justo lo opuesto.
El individuo no existe para la sociedad, sino esta para el individuo. Porque la sociedad es simplemente una institución, carece de alma. El individuo posee alma, que es el centro consciente.
Fuente: Día a Día. 365 meditaciones para el aquí y el ahora. Osho

viernes, 26 de agosto de 2011

Muévete de la cabeza al corazón. Osho

Sentir es la vida verdadera. Pensar es ficticio porque siempre es acerca de algo; nunca es la vinculación con la cosa en sí. No es pensando en el vino como te intoxicas, sino bebiéndolo. Puedes ponerte a pensar en el vino, pero con sólo pensar en él jamás te intoxicarás. Tienes que beberlo, y el beberlo sucede a través del sentimiento.
Pensar es un pseudo-actividad, una actividad sustituta. Te da una percepción falsa de que algo sucede, pero no sucede nada. Entonces pasa de pensar a sentir, y la mejor manera será empezar respirando desde el corazón.
Durante el día, tantas veces como te acuerdes, simplemente respira profundamente. Siente cómo la respiración golpea justo a mitad del pecho. Siente como si toda la existencia estuviera fluyendo hacia tu interior, en el lugar donde está el centro de tu corazón. Varía según la persona; en general está hacia la derecha. No tiene nada que ver con el corazón físico. Es una cosa totalmente diferente; pertenece al cuerpo sutil.
Respira profundamente, y siempre hazlo al menos cinco veces. Inhala y llena el corazón. Sólo siente en el centro la manera en que la existencia está fluyendo a través del corazón. Vitalidad, vida, lo divino, la naturaleza: todo está entrando.
Entonces exhala profundamente, otra vez desde el corazón, y siente que vuelves a lo divino, a la existencia, todo lo que se te ha dado.
Hazlo varias veces al día, pero siempre que lo hagas respira cinco veces seguidas; esto re ayudará a pasar de la cabeza al corazón.
Te volverás más sensible, más consciente de muchas cosas de las que no lo estabas. Vas a oler más, gustar más, tocar más. Vas a ver más y a oír más; todo se volverá intenso. Entonces muévete de la cabeza al corazón y todos tus sentidos se volverán luminosos de repente. Sentirás cómo la vida realmente vibra dentro de ti, lista para saltar y fluir.
Fuente: Tónico para el alma. Osho

domingo, 31 de julio de 2011

Conciencia. Prólogo. Osho

Una de las cosas más importantes que hay que entender del hombre es que el hombre está dormido. Aún cuando cree que está despierto, no lo está. Su estado de vigilia es muy frágil; su estado de vigilia es tan insignificante que carece por completo de importancia. Su vigilia es sólo una bonita palabra, pero totalmente vacía.
Uno duerme de noche, duerme de día... desde el nacimiento hasta la muerte, uno va cambiando sus pautas de sueño; pero nunca llega a despertar de verdad. Sólo porque hayas abierto los ojos, no te engañes a ti mismo pensando que estás despierto. A menos que se te abran los ojos interiores, a menos que tu interior se llene de luz, a menos que puedas verte a ti mismo, ver quién eres... no creas que estás despierto. Esa es la mayor ilusión en la que vive el hombre. Y si uno se convence de que está verdaderamente despierto, entonces ya no tiene sentido hacer ningún esfuerzo por despertar.
Lo primero que debes grabarte bien en el corazón es que estás dormido, completamente dormido. Estás soñando, un día tras otro. A veces sueñas con los ojos abiertos y otras veces con los ojos cerrados, pero estás soñando... tú mismo eres un sueño. Todavía no eres una realidad.
Por supuesto, cualquier cosa que hagas en un sueño carece de sentido. Cualquier cosa que pienses es insustancial; cualquier cosa que proyectes seguirá formando parte de tus sueños y nunca te permitirá ver la realidad. Por eso todos los budas han insistido en una única cosa: ¡Despierta! Continuamente, a lo largo de los siglos, todas sus enseñanzas se pueden resumir en una sola frase: debes despertar. Y para ello han ideado métodos, estrategias, han creado contextos y espacios y campos de energía en los que un choque te puede hacer despertar.
Sí, a menos que sufras un choque que te sacuda de arriba a abajo, no despertarás. El sueño ha durado tanto que ha llegado al centro mismo de tu ser; estás empapado en él. Cada célula de tu cuerpo y cada fibra de tu mente se han llenado de sueño. No es un fenómeno de poca monta. Por eso se necesita un gran esfuerzo para mantenerse alerta, atento, vigilante. Para convertirse en un testigo.
Si hay una cuestión en la que están de acuerdo todos los budas del mundo, es esta: Que el hombre, tal como es, está dormido y debería despertar. El despertar es el objetivo y el despertar es la esencia de todas sus enseñanzas. Zaratustra, Lao Tzu, Jesús, Buda, Bahauddin, Kabir, Nanak... todos los despiertos han enseñado una única lección. En diferentes idiomas, con diferentes metáforas, pero su canción es la misma. Así como el mar tiene un sabor salado, ya se pruebe por el norte o por el sur, por el este o por el oeste, el sabor de la condición búdica es el estado de vigilia.
Pero si sigues creyendo que ya estás despierto, no harás ningún esfuerzo. Te parecerá que no tiene sentido hacer esfuerzo alguno. ¿Para qué molestarse?
Y habéis creado religiones, dioses, oraciones, ritos, sacados de los sueños. Vuestros dioses son parte de vuestros sueños, como todo lo demás. Vuestra política es parte de vuestros sueños, vuestras religiones son parte de vuestros sueños, vuestra poesía, vuestra pintura, vuestro arte... todo lo que hacéis. Como estáis dormidos, hacéis cosas según vuestro estado mental.
Vuestros dioses no pueden ser diferentes de vosotros. ¿Quién los va a crear? ¿Quién les dará cuerpo, forma y color? Vosotros los creáis, vosotros los esculpís; tienen ojos como los vuestros, narices como las vuestras... ¡y mentes como las vuestras! El Dios del Antiguo Testamento dice: «Soy un Dios muy celoso.» Vamos a ver: ¿quién ha creado este Dios tan celoso? Dios no puede ser celoso, y si Dios es celoso, entonces ¿qué tiene de malo ser celoso? Si hasta Dios es celoso, ¿por qué tú habrías de pensar que estás haciendo algo malo cuando sientes celos? ¡Los celos son algo divino!
El Dios del Antiguo Testamento dice: «Soy un Dios muy colérico. Si no cumplís mis mandamientos, os destruiré. Os arrojaré al fuego del infierno para toda la eternidad. Y como soy celoso, sigue diciendo Dios, no debéis adorar a nadie más. No puedo tolerarlo. ¿Quién creó semejante Dios? Esta imagen tuvo que crearse a partir de nuestros propios celos, de nuestra propia cólera. Es una proyección, una sombra nuestra. Un eco del hombre y de nadie más. Y lo mismo se puede decir de todos los dioses de todas las religiones.
Por eso Buda nunca hablaba de Dios. «¿Qué sentido tiene hablarle de Dios a gente que está dormida? Escucharán en sueños. Soñarán con lo que se les diga y crearán sus propios dioses que serán completamente falsos, completamente absurdos. Es mejor prescindir de tales dioses.»
Por eso a Buda no le interesa hablar de dioses. Lo único que le interesa es despertaros.
Se dice que un maestro budista iluminado estaba sentado una tarde a la orilla de un río, disfrutando del sonido del agua, del sonido del viento que pasaba a través de las hojas. Se le acercó un hombre y le preguntó:
-¿Puedes decirme en una sola palabra la esencia de tu religión
El maestro permaneció callado, en silencio absoluto, como si no hubiera oído la pregunta. El hombre insistió:
-¿Estás sordo o qué?
El maestro dijo:
-He oído tu pregunta y la he respondido. El silencio es la respuesta. He permanecido en silencio. Esa pausa, ese intervalo, era mi respuesta:
El hombre dijo:
-No puedo entender una respuesta tan misteriosa. ¿No puedes ser un poco más claro?
Entonces el maestro escribió en la arena con el dedo la palabra
«Meditación» en letras pequeñas.
-Eso puedo leerlo -dijo el hombre-. Esto es algo mejor que lo del principio. Al menos tengo una palabra sobre la que reflexionar. Pero ¿no puedes decirlo un poco más claro?
El maestro volvió a escribir «MEDITACIÓN», pero esta vez en letras más grandes. El hombre se sentía un poco incómodo, desconcertado, ofendido, irritado.
-¿Otra vez escribes «meditación»? ¿No puedes decírmelo más
claro?
Y el maestro escribió en letras mayúsculas muy grandes «MEDITACIÓN».
-Me parece que estás loco -dijo el hombre.
-Ya he descendido mucho -dijo el maestro-. La primera respuesta era la respuesta correcta, la segunda no era tan correcta, la tercera estaba aún más equivocada, la cuarta era ya muy incorrecta... porque cuando escribes «MEDITACIÓN» en letras mayúsculas, creas con ello un dios.
Por eso la palabra Dios se escribe con D mayúscula. Cada vez que quieres que algo sea supremo, definitivo, lo escribes con mayúscula.
-Ya he cometido un pecado -dijo el maestro. Borró todas las palabras que había escrito y dijo-: Por favor, escucha mi primera respuesta. Sólo con ella te he dicho la verdad.
El silencio es el espacio en el que uno despierta, y la mente ruidosa es el espacio en el que uno permanece dormido. Si tu mente continúa parloteando, estás dormido. Si te sientas en silencio, si la mente desaparece y puedes oír el canto de los pájaros y no hay mente en tu interior, un silencio... este silbido del pájaro, este gorjeo, y ninguna mente funcionando dentro de tu cabeza, silencio total... entonces la conciencia aflora en ti. No viene de fuera, surge dentro de ti, crece en ti. Por lo demás, recuerda: estás dormido.
Fuente: Prólogo del libro "Conciencia. La clave para vivir en equilibrio". Osho

viernes, 8 de abril de 2011

Estar abierto y receptivo a la Vida. Osho

A menudo hablas sobre la importancia de estar abierto y receptivo a cualquier cosa que la vida traiga. ¿Qué es la receptividad?
La receptividad es un estado de no-mente. Cuando estás completamente vacío de todo pensamiento, cuando la consciencia no tiene contenido, cuando el espejo no refleja nada, eso es receptividad. La receptividad es la puerta de lo divino. Abandona la mente y sé.
En la mente, estás a kilómetros de ser. Cuanto más piensas menos eres. Cuanto menos piensas, más eres. Y cuando no piensas en absoluto, el ser se afirma en su totalidad.
Receptividad simplemente significa tirar la basura que has estado llevando sobre tu cabeza; y hay mucha basura, completamente inútil. La mente carga con el pasado. Ahora el pasado no tiene ninguna utilidad; ya ha ocurrido y no va a volver a ocurrir nunca, porque en la realidad nunca se repite nada.
Aún cuando pienses o sientas que esta es la misma situación, nunca es la misma. Cada mañana es nueva, y el sol que te encuentras cada mañana es un nuevo sol. No me refiero al sol material. Estoy hablando acerca de la belleza, la bendición que trae cada día; es algo totalmente nuevo.
Si sigues cargando con imágenes del pasado, no serás capaz de ver lo nuevo. Tus ojos estarán cubiertos por tus experiencias, expectativas, y esos ojos no serán capaces de ver lo que está enfrente de ti.
Así es como desaprovechamos la vida: el pasado se convierte en una barrera, te atrapa, te encierra en algo que ya no existe. Te quedas estancado en lo muerto. Y cuanta más experiencia, más madurez tengas, el caparazón de las experiencias muertas se hará más grueso a tu alrededor. Te cierras más y más, poco a poco todas las ventanas, todas las puertas se van cerrando. Entonces existes, pero existes alienado, desarraigado. Entonces no estás en comunión con la vida. No estás en comunión con los árboles, las estrellas y las montañas. No puedes estar en comunión porque te rodea la gran muralla china de tu pasado.
Cuando digo vuélvete receptivo, quiero decir que te conviertas en un niño de nuevo.
Recuerda a Jesús, quien decía a sus discípulos; a menos que seáis como niños no podréis entrar en el reino de Dios. Lo que él dice es el significado exacto de receptividad: el niño es receptivo porque no sabe nada, y al no saber nada es receptivo. El viejo no es receptivo porque sabe demasiado, y al saber mucho está cerrado. Tiene que renacer, tiene que morir al pasado y convertirse en un niño de nuevo; no físicamente, por supuesto, pero la consciencia siempre debería ser como la de un niño. No aniñado, recuerda, sino como un niño: adulto, maduro, pero inocente.
Y así es como se aprende, aprende la verdad que se te presenta a cada momento de tu vida; aprende a conocer al Huésped que viene y llama a la puerta a cada momento, día tras día, año tras año. Pero estás tan inmerso en tu conversación interior, en tu propia procesión interior de pensamientos, que no oyes la llamada.
¿Oyes la distante llamada del cuco? ¿Oyes cantar a los pájaros? Esto es receptividad. Es un estado existencia de silencio, silencio total; sin movimiento, nada se agita, y a la vez no estás dormido, estás alerta, absolutamente consciente. Donde el silencio y la consciencia se encuentran, se entremezclan y se vuelven uno, se haya la receptividad. La receptividad es la más importante cualidad religiosa.
Conviértete en un niño. Empieza a funcionar desde el estado de no saber, el silencio y una gran consciencia vendrán por su propia cuenta. Entonces la vida será una bendición.
The guest. Discurso 14
Fuente: Los Misterios de la Vida. Osho

miércoles, 6 de abril de 2011

Los misterios de la Vida. Osho

La vida es corta, la energía limitada, muy limitada. Y con esta energía limitada tenemos que encontrar lo ilimitado; en esta corta vida tenemos que encontrar lo eterno. ¡Una gran tarea, un gran reto! Así que, por favor, no te preocupes por cosas sin importancia.
¿Qué es importante y qué no lo es? Según la definición de todos los Budas, lo que la muerte se puede llevar no es importante y lo que no se puede llevar lo es. Recuerda esta definición, que sea tu piedra de toque. Puedes valorar instantáneamente cualquier cosa con ella.
¿Has visto la piedra de toque con la que se prueba el oro? Que esta sea la piedra de toque para discernir lo que es importante: ¿te lo va a quitar la muerte?, entonces no es importante. El dinero no es importante; es útil, pero no es importante. El poder, el prestigio, la respetabilidad; la muerte se lo llevará todo, así que ¿por qué armar tanto alboroto por ello los pocos días que estás aquí? Esto es una caravana, una parada nocturna; por la mañana nos vamos.
Recuerda, sólo lo que te puedas llevar al dejar el cuerpo es importante. Eso significa que, excepto la meditación, nada es importante; excepto la consciencia, nada es importante, porque la consciencia es lo único que la muerte no se puede llevar. Todo lo demás se lo puede llevar porque todo lo demás viene de afuera. Sólo la consciencia mana desde dentro: no se te puede quitar. Tampoco las sombras de la consciencia: la compasión y el amor, se te pueden quitar; son partes intrínsecas de la consciencia.
Te llevarás contigo sólo la consciencia que hayas alcanzado; y esa es tu verdadera riqueza.
The book of wisdom. El libro de la Sabiduría. Discurso 21

miércoles, 23 de febrero de 2011

Dificultades. Osho

Las dificultades están siempre. Son parte de la vida.
Y es bueno que así sea, de lo contrario no habría desarrollo.

Son desafíos. Os provocan a trabajar, a pensar, a encontrar formas de superarlas. El mismo esfuerzo es esencial. De manera que aceptadlas siempre como si fueran bendiciones.
Sin dificultades, el hombre no habría llegado a ninguna parte. Si llegan dificultades mayores, eso significa que la existencia os está buscan­do, que os da más desafíos. Y cuantos más solventéis, mayores desafíos os estarán esperando. Solo en el último momento desaparecen, pero ese último momento llega por las dificultades, de lo contrario jamás se pre­sentaría.
De forma que nunca toméis una dificultad negativamente. Encontrad algo positivo en ella. La misma piedra que os bloquea el paso puede servir como escalón. Si no hubiera una piedra en el camino, jamás ascen­deríais. Y el mismo proceso de subir, de convertirla en un escalón, os proporciona una nueva altitud de ser. De modo que en cuanto pensáis en la vida de manera creativa, todo se vuelve útil y todo tiene algo que aportaros. Nada carece de sentido.
 Fuente: Día a Día. 365 Meditaciones para el Aquí y el Ahora. Osho

sábado, 5 de febrero de 2011

Gratitud. Osho


La gratitud prepara el camino. Sentíos tan agradecidos a la existencia como os sea posible... por cosas pequeñas, no solo por las grandes... por el simple acto de respirar No tenemos ningún derecho sobre la existencia, de modo que aquello que se recibe es un regalo.
Desarrollad cada vez más la gratitud; dejad que se convierta en vues­tro estilo. Estad agradecido a todos. 
Si se entiende la gratitud, entonces se agradecen las cosas que se han hecho de forma positiva. Incluso se agradecen las cosas que se han reali­zado negativamente. Estáis agradecidos de que alguien os ayudara; este es solo el principio. Luego se empieza a agradecer que alguien no os hiciera daño... cuando podría haberlo hecho; fue amable. 
Una vez que se entiende el sentimiento de gratitud y se le permite penetrar hondo en el ser, se empieza a sentir gratitud por todo. Y cuanto más agradecidos seáis, menos os quejaréis y gruñiréis. 
Cuando desaparecen las quejas, también desaparece la desdicha, ya que esta existe con la queja. Está enganchada a las quejas y a la mente propensa a quejarse. Es imposible que exista con la gratitud. De manera que este es uno de los principales secretos que hay que aprender.
Fuente: Día a día. Osho

jueves, 27 de enero de 2011

De la cabeza al corazón, del corazón al ser.


El hombre puede funcionar desde tres centros: uno es la cabeza; otro es el corazón y el tercero es el ombligo.
Si funcionas desde la cabeza le darás vueltas a más y más pensamientos. Son muy insustanciales, materia de sueño; prometen mucho y no dan nada.
¡La mente es una gran trampa! Además, tiene una capacidad tremenda para embaucarte porque puede proyectar. Puede proporcionarte grandes utopías, grandes deseos, y siempre se la pasa diciendo: "Va a pasar mañana”… ¡y nunca sucede! Nunca pasa nada en la cabeza. La cabeza no es un lugar para que pase nada.
El segundo centro es el corazón. Es el centro de la percepción: uno siente a través del corazón. Estás más cerca del hogar; no has llegado, pero estás más cerca. Cuando sientes, tienes más sustancia, más solidez. Cuando sientes, existe la posibilidad de que algo pase. Con la cabeza no hay posibilidad; con el corazón hay una pequeña.
Pero ni siquiera el corazón es lo verdadero. Lo verdadero es más profundo que el corazón, es el ombligo. Es el centro del ser. Pensar, sentir y ser: esos son los tres centros.
Siente más y pensarás menos. No luches contra el pensamiento porque luchar contra el pensamiento es crear otros pensamientos, de lucha. Entonces la mente no es derrotada. Si ganas, es la mente quien ha ganado; si pierdes, eres tú el que pierde. De cualquier manera eres derrotado, así que nunca luches contra los pensamientos, es en vano.
En lugar de luchar contra los pensamientos, mueve tu energía hacia sentir. Canta en lugar de pensar, ama en vez de filosofar, lee más poesía que prosa. Baila, observa la naturaleza y hagas lo que hagas, que sea a partir del corazón.
Por ejemplo, si tocas a una persona, tócala desde el corazón. Toca sintiendo, permite que tu ser vibre. Cuando mires a alguien que no sea con una mirada sin vida, pasiva. Permite que fluya la entrega a través de tus ojos e inmediatamente sentirás que algo está sucediendo en el corazón. Es sólo cuestión de intentarlo.
El corazón es el centro negado. Una vez que empiezas a prestarle atención, comienza a funcionar. Y cuando esto ocurre, la energía que se movía en la mente de manera automática comienza a moverse a través del corazón, y el corazón está más cercano al centro de energía, el ombligo. Así que enviar energía a la cabeza es un trabajo difícil.
El primer paso es sentir cada vez más. Una vez que has dado ese paso, el segundo es muy fácil. Primero ama: has recorrido la mitad del viaje, y así como es fácil moverse de la cabeza al corazón, es aún más fácil moverse del corazón al ombligo.
En el ombligo eres simplemente un ser, un ser puro: sin sentimiento ni pensamiento. No te estás moviendo para nada. Es como el ojo del huracán. Todo lo demás se está moviendo: la cabeza, el corazón y el cuerpo. Todo se está moviendo, todo está en un flujo constante. Sólo el centro de tu existencia, el centro del ombligo, está inmóvil; es el eje de la rueda.
Fuente: Tónico para el alma. Osho

Cuando aprendas a considerar tu vida. W. Dyer

Cuando aprendas a considerar tu vida y cuanto hay en ella como el milagro que es, comprenderás enseguida que quejarse es desperdiciar el ...